La derecha y la extrema derecha se comportan como perros rabiosos, buscando acabar con el otro para quedarse con una preferencia y un favor al lado del Tigre. Actitud que de poco o nada les sirve, pues la política en la Patria Milagro está en función de los intereses del presidente, que ya sabe con quienes sí y con quienes no. Sí, a sus amigos y a sus cuotas; y no a todo lo que no se arrodille dócil a su majestad.
Hay 3 frentes abiertos en la guerra soterrada del conservadurismo colombiano. En la extrema derecha, el laureanista Enrique Gómez Martinez, del Partido Salvación Nacional. En la derecha reformada y maquillada, María Fernanda Cabal y su nuevo Partido Republicano. Y en la derecha conservadora, el subiudice expresidente Álvaro Uribe Vélez y su desgastado Centro Democrático.
A tal punto ha llegado la batalla campal de estos 3, que Uribe pareciera ser el más neutral y demócrata de los para nada demócratas ultraderechistas.
La novela, porque no tiene otra forma de describirse, es curiosa teniendo en cuenta que todos en menor o mayor medida son partidos de gobierno, y apoyan ciegamente al presidente y su antisocial e inconstitucional agenda legislativa.
La manzana de la discordia es Enrique Gómez. Violento y con los humos arriba, el heredero del genocida Laureano Gómez es hoy la ficha más radical del gobierno y de su partido. Defensor a sangre y fuego de todo lo que diga, haga, sueñe o piense el presidente.
Esa obsesión enfermiza por el poder y por sus minutos de gloria, lo llevan a menospreciar a otros sectores de la derecha, a los que, al no ser igual de radicales, los llama traidores. Al propio Uribe, blanco permanente de sus ataques, lo llamó socialista. Un insulto para él y para los socialistas.
Otra causal del agarrón entre Gómez y Uribe es el bodeguero y amigo del presidente Carlos Suárez. Suárez, hoy presidente de Ecopetrol, es enemigo acérrimo de Uribe, quien no ve nada bien el amiguismo y la complicidad de este con el presidente.
Álvaro Uribe, viejo zorro de la política corrupta, parece ahora víctima de la misma. En especial de la que se basa en pasar por encima del oponente con tal de conseguir un objetivo. Ahora sin garras, pues las tiene el tigre, Uribe plantea un ejercicio partidista basado en el esfuerzo.
“Actuaremos como abejitas laboriosas si el tigre viene a darnos un zarpazo”, dijo pocos días después de iniciado el gobierno, cuando intuyó lo que se le venía encima. Curiosa analogía basada en el trabajo, el esfuerzo y empuje paisa que defiende Uribe desde antaño. Pero curiosa desde otro punto de vista: si las abejitas se asustan y pican, se suicidan, inevitablemente.
Uribe llega a final de año teniendo que enfrentar otro juicio por el sinfín de crímenes que pudo haber cometido en su ejercicio en el poder.
María Fernanda Cabal, profundamente ardida y dolida con su exjefe, renunció a ser una abeja para convertirse en un águila. Se fue junto al indolente Jota Pe Hernández. Ambos, igual de rechazados por sus partidos, recogieron las cenizas del partido Liga de Gobernantes Anticorrupción y, simulando a Estados Unidos, lo renombraron Partido Republicano.
Llega el 2027, año electoral para alcaldías, gobernaciones y otros puestos regionales. Enrique Gómez y el Gobierno irán a las urnas moviendo el inmenso aparato presupuestal del Estado para lograr la mayor cantidad de liderazgos sumisos al tigre. Correrá el dinero y la corrupción con tal de lograr dicho cometido. Es necesario, pues Salvación Nacional, Defensores de la Patria y afines a la ultraderecha no tiene relevancia legislativa más allá de su cercanía la Casa de Nariño.
Álvaro Uribe y su derecha conservadora irá a hacer la política tradicional. No se juegan su relevancia, pues tienen amplias plazas en el Congreso. Más bien, medirá que tanta capacidad de maniobra tiene Uribe y sus seguidores para llegar al poder, y proponer un contrapeso a la ultraderecha. Más por un tema de honor que de cálculo político.
Cabal, Jota Pe y otros desahuciados de la política tradicional, irán paso a paso en la conformación de su nuevo partido. Para 2027 no tienen nada que hacer, y pelear por poder local sería irrisorio, por su falta total de relevancia en la opinión pública. Cabal quiere ser presidenta, también irrisorio. Así pues, el proceso del Partido Republicano será atraer a los incautos que caigan en sus filas, y esperar que fichas relevantes ayuden al nombre del partido de cara al 2030.
Como extra, Cabal y afines a ella llaman a militantes de otros partidos a retirarse de dichas colectividades e ir a su partido. Situación que ha caído terrible en el Centro Democrático, pues consideran que es una falta total de ética por parte de Cabal. Como si les importara.