Los cafeteros colombianos beben largos tragos de café amargo mientras se desvelan pensando en cómo pagar 150 millones de dólares de 1,300 contratos internacionales que firmaron en 2020 para vender el grano a precios que les obligaron a incumplir.
Lo hicieron motivados y respaldados por la Federación Nacional de Cafeteros (FNC), manejada por personas que, en concepto del analista Guillermo Trujillo, “tumbaron a la institución que dicen amar”.



