En su intimidad, ambos clamaban por una oportunidad así, en la que el mundo los mirara mientras, en apariencia sinceros, firmaban un “acuerdo de asociación estratégica” y se ofrecían apoyo irrestricto, colaboración permanente, y, cómo no, una mano en ciertos asuntos bélicos y militares. En especial, esto.
Y Vladimir Vladimirovich Putin, 74, y Kim Jong-Un, 42, lo lograron.
Hoy, dos días después, el mundo bélico y militar tiene en cuenta las posibilidades de la alianza que firmaron el veterano espía ruso y el enigmático y sibilino coreano del norte.



