Hace una semana, a cinco kilómetros de Polonia (y de la Unión Europea y de la Otan), los tiros y explosiones resuenan cada vez más duro… y más cerca.
Los disparan miles de soldados chinos que llegaron hasta Bielorrusia a participar en maniobras militares conjuntas y a reforzar la imagen de Alexánder Lukashenko, como líder de una Europa imposible.
Porque, de no ser por la Otan, Europa no podría existir como patio de maniobras de rusos y de chinos, que consideran que solo a ellos les corresponde decidir lo que allí ocurra, y, en especial, en Polonia, lugar de paso de cuantos pueblos han ido y venido entre Europa y Asia.
El comienzo de la III Guerra Mundial en Polonia es una posibilidad tan cercana, que bastará con que un misil ruso estalle cerca de su frontera con Ucrania, o uno chino, ahí, muy cerca, en su frontera con Bielorrusia, para que comiencen los tiros.



