Es la eterna usanza de Estados Unidos: negociar a su manera, es decir, hablar de diálogo, pero imponer a la fuerza su punto de vista.
Para ello, acude, como esta vez con Irán, a la táctica de exigir mucho más de lo que ofrece y a acusar al enemigo de no acatar “un acuerdo razonable”.
Y como Irán dijo no, entonces Donald Trump vuelve a la guerra sin declararla, como ocurre desde el sábado, cuando Irán dijo que no acepta la que Estados Unidos llama su “oferta final”.
Como consecuencia, Washington sabe que el mundo lo señalará con el dedo de la acusación, pues el problema mundial de la crisis energética se recrudecerá. Pero a Trump no le preocupa lo que piense el mundo.
Irán no reabrirá el Estrecho de Ormuz, para que pasen los enormes petroleros, y punto.
El Gobierno de Pakistán, país que acogió la mesa de diálogo, instó a ambas partes a preservar el compromiso con el alto el fuego de dos semanas alcanzado el miércoles.
Pero, Israel, aliado incondicional de Estados Unidos y enemigo mortal de Irán, no se siente aludido, y seguirá bombardeando y provocando al mundo musulmán.
Las negociaciones fracasaron esta vez, luego de 21 horas de reunión y de “entendimientos parciales” que de nada servirán si el acuerdo final no se firma.
Estas son las principales líneas de desacuerdo:
Programa nuclear: EE.UU. exige que Irán renuncie a desarrollar armas nucleares y desmantele su capacidad para fabricarlas rápidamente. Irán rechaza demandas que considera excesivas y pide respeto a sus derechos.
Estrecho de Ormuz: EE.UU. busca su reapertura inmediata sin restricciones. Irán condiciona cualquier cambio a un acuerdo razonable y exige coordinación con sus Fuerzas Armadas.
Conflicto en Líbano: Irán pide a EE.UU. frenar los ataques israelíes. Washington sostiene que la tregua solo cubre el conflicto directo entre ambos países.
Una fuente iraní cercana a las negociaciones dijo que su país no tiene prisa, que el estrecho será reabierto tan pronto como Estados Unidos acepte un “acuerdo razonable”, y que no se ha fijado un lugar para continuar con el diálogo de paz.
Irán presentó iniciativas y propuestas razonables durante las conversaciones. Ahora le corresponde a Estados Unidos abordar los temas con realismo. Así como el Gobierno estadounidense falló en sus cálculos bélicos, hasta ahora también se ha equivocado en las negociaciones”, dijo la fuente.
El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance resumió por su parte el fracaso de las 21 horas de conversaciones con Irán en una sola frase: "Han optado por no aceptar nuestras condiciones".
Para los funcionarios iraníes, esto también reflejaba su mayor problema con las conversaciones: Estados Unidos, según argumentan, en realidad no quería negociar.
“¡Bingo!”, escribió Javad Zarif, el exministro de Asuntos Exteriores que lideró a los negociadores iraníes en las negociaciones del acuerdo nuclear con Washington y Europa en 2015, haciendo referencia al comentario del Sr. Vance, en X. “Ninguna negociación —al menos con Irán— tendrá éxito basándose en ‘nuestros/vuestros términos’”.
Estados Unidos, añadió, debe aprender que "no se pueden imponer condiciones a Irán".
Tanto Washington como Teherán enviaron a sus mediadores a las conversaciones firmando que habían llegado con la ventaja. Y ambos se marcharon de esas conversaciones creyendo que seguían teniendo la ventaja, aun cuando dejaron margen para la diplomacia.