Desde dos frentes, sumamente represivos y conservadores, comienza la campaña conservadora para restringir derechos y libertades intelectuales y educativas a las y los niños de todo el país. Al frente del ministerio de Educación, la fanática religiosa Viviane Aleyda Morales Hoyos, presentó al país los ideales con los que pretende revertir cualquier intento de cambio de pensamiento en las futuras generaciones.
Agarrada de una irrealista moral, una fe incipiente y unos principios rectores propios del siglo pasado, Morales moverá a su antojo todas las fichas necesarias para reestructurar los modelos educativos en Colombia, para que ‘los principios y valores tradicionales’ vuelvan. Ese, según ella, es la finalidad de la Patria Milagro.
“Una tarea importante de este gobierno es restaurar principios y valores, quitando la ideologización. Estamos revisando todos los materiales escolares para asegurarnos de que sean los padres los que cuiden la educación. Ha habido una campaña ‘woke’ que ha metido sutiles movimientos para apoderarse de la enseñanza y de la educación de los hijos, especialmente en la educación sexual. Aquí nada que sea contrario a la edad de los educandos”.
Así, Morales evidenció desde ya su radical política para reeducar a la sociedad colombiana, limitando y censurando cierto tipo de contenidos que sean, según ella ‘woke’, en especial todo lo que abone por libertades y derechos sexuales y reproductivos en las mujeres, así como diversidades sexuales e identidades de género distintas a las percibidas por la bienpensante ministra.
Con esa movida de poder inmenso al interior del ministerio, Morales reaviva sus anhelos ultra conservadores de cuando llegó a ser Fiscal General de la Nación. De 2011 a 2012, la exfiscal promovió con ayuda de sus amigos en el Congreso un referendo para prohibir la adopción de menores por parte de parejas del mismo sexo. Esa campaña, y líos relacionados a su pareja, terminaron por sacarla de la Fiscalía.
Ahora al menos tendrá la capacidad de manejar algo más sencillo y sensible que el Congreso: la mente y formación de los jóvenes en todo el país.
En su apoyo irrestricto salió el presidente del Partido Conservador, el barranquillero Efraín José Cepeda Sarabia. Luego de una reunión con Morales, Cepeda aseguró que hay docentes en las aulas que le preguntan a los jóvenes que qué pensaban de la identidad de género. Eso, para el corrupto exsenador, es ‘un atropello contra la libertad de esos jóvenes’, y un total desenfreno a las ideas moralistas que defiende a capa y espada el Partido Conservador.
El otro frente ya decididamente conservador está en el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF). Su directora, María Carolina Restrepo Cañavera, inició su también lucha ideológica al frente de una entidad dedicada meramente a la protección y derechos de menores en el país.
La partidaria de la extrema derecha, dio su primera directriz enfocada en el uso del lenguaje institucional. En un comunicado, se informó que se usará el término ‘niñez’ para englobar el concepto global ‘niños, niñas y adolescentes’.
La decisión no es gratuita, es un cortafuegos a la denuncia de Lourdes Paola Mateus Serrano, representante a la Cámara por el Pacto Histórico, quien dijo que en una comunicación interna del ICBF se habría comenzado a utilizar el término niños y adolescentes, excluyendo o englobando el término ‘niñas’.
Esta decisión es trascendental, y tiene un choque de frente con el artículo 12 del Código Nacional de Infancia y Adolescencia: “se entiende por perspectiva de género el reconocimiento de las diferencias sociales, biológicas y psicológicas en las relaciones entre las personas según el sexo, la edad, la etnia y el rol que desempeñan en la familia y en el grupo social. Esta perspectiva se debe tener en cuenta en la aplicación de este Código, en todos los ámbitos en donde se desenvuelven los niños, las niñas y los adolescentes, para alcanzar la equidad”.
Siguiendo la perspectiva regresiva de Viviane Morales, la directora Restrepo Cañavera también ordenó eliminar un mural que estaba en la sede del ICBF en Bogotá, y que escribía ‘Resistencia Chiquita’. En su ignorancia, la directora ordenó quitarlo por suponer que era una frase propagandística contra la libertad de la niñez.
Al respecto, la exdirectora Astrid Cáceres le respondió, indicando que la frase corresponde al nombre de un colectivo de niñas de Bogotá, nacido luego del asesinato de la joven Yuliana Samboní.
Con estos dos ejes de lucha abiertos, y bien aceitados en la ideología, comienza otro proceso de la contra campaña cultura, que busca de cualquier modo reincidir y hacer válidos los retardatarios pensamientos hegemónicos, cerrando la puerta a la modernidad y a los problemas de fondo en la educación nacional.