Teherán confirma que Israel asesinó al segundo líder iraní después de Jamenei

Ali Lariyaní, el segundo líder más importante de Irán, asesinado por Israel.

El Gobierno iraní confirmó que Ali Lariyaní, el segundo líder después del asesinado ayatola Alí Jameneí, murió en un bombardeo de Israel.

El régimen chií también confirmó la muerte de Gholamreza Soleimani, jefe de la fuerza paramilitar Basij, uno de los pilares de represión contra manifestaciones de protesta, entre ellas las que precedieron a la guerra (con al menos 3.000 muertos).

Lariyaní, secretario del Consejo de Seguridad nacional y conocido como el gobernante de hecho de Irán, adquirió mayor poder tras el asesinato de Jameneí y la designación de Mojtaba Jamaneí como sucesor de su padre.

La República Islámica guardó silencio sobre su suerte durante horas. La agencia semioficial Tasnim se limitó a difundir lo que describía como una nota manuscrita de Lariyaní honrando a los 84 marinos de guerra que mató un torpedo estadounidense al hundir su fragata el mes pasado, cerca de las costas de Sri Lanka.

Lariyaní fue visto en público por última vez el viernes, en las marchas en apoyo de los palestinos del Día de Jerusalén, junto al presidente Masud Pezeshkián. El lunes lanzó un llamamiento muy crítico al resto de países musulmanes para unirse frente a la “agresión traicionera” de EE UU e Israel. “¿De qué lado estáis?”, les preguntó, al subrayar que la unidad “con plena fuerza” de la umma (la nación islámica) puede “garantizar la seguridad, progreso e independencia de todos sus países”.

Las autoridades tampoco han proveído aún un balance de otras víctimas en el ataque que acabó con la vida de Lariyaní, aunque las imágenes de algunos lugares bombardeados muestran una amplia destrucción.

El objetivo parece, en este caso, lanzar un mensaje a los iraníes para que superen el temor a los bombardeos y a la represión, y tomen las calles.

Las autoridades han dejado claro en los últimos días que no los considerarían manifestantes, sino agentes del enemigo en tiempo de guerra.

La Guardia Revolucionaria ha confirmado la muerte de Soleimani, que califica de “cobarde asesinato” que pone de manifiesto “la importancia y el papel de los Basij” en la guerra.

En los últimos días, de hecho, Israel ha venido atacando puestos de control establecidos por basiyíes en las calles para controlar a la población. Hasta 10 en la última noche de bombardeo. Los corresponsales militares del país hablan de cientos de muertos, pero se trata de hasta un millón de miembros entre activos y en reserva.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ve con frustración las calles vacías de Irán, sin el golpe de Estado ni las manifestaciones masivas con las que esperaba tumbar el régimen, ante los límites de los bombardeos aéreos, sin tropas en el terreno.

“Puedes llevar a alguien hacia el agua, pero no le puedes hacer beberla”, admitió la semana pasada, en su primera comparecencia ante la prensa de la guerra. Este martes, ha insistido en la misma idea: “Estamos debilitando este régimen con la esperanza de brindar al pueblo iraní la oportunidad de derrocarlo. No sucederá de la noche a la mañana, ni será fácil. Pero si perseveramos, les daremos la oportunidad de tomar las riendas de su propio destino”.

Durante la jornada, y a falta de otros logros de entidad en el frente iraní, el primer ministro ha tratado de capitalizar los dos magnicidios. La guerra no le ha hecho subir en las encuestas, donde la oposición sigue rozando la mayoría.

Primero, su oficina se ha apresurado a difundir una foto que lo presenta dando la orden de matar a los líderes iraníes. Luego, ha difundido un vídeo con el embajador de EE UU en Israel, Mike Huckabee, para demostrar que está vivo (circulan numerosos rumores sobre su muerte desde hace días) y jactarse entre bromas de haber acabado con Soleimani y con Lariyaní. “Hoy he borrado dos nombres en esta lista. ¿Has visto cuántos más quedan en esta tanda?“, preguntaba Netanyahu al embajador mientras le mostraba una lista de objetivos.

Sima Shine, jefa del programa sobre Irán del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (afiliado a la Universidad de Tel Aviv) y exjefa de la División de Investigación y Evaluación del Mosad, el servicio secreto de Israel, recordó que el régimen de Teherán “no es una persona, sino un sistema” apoyado aún por millones de personas, por lo que los asesinatos selectivos de sus líderes no sirven como “principal herramienta para tumbarlo”.

“Irán llevaba años preparándose para esta situación en distintos aspectos. Uno de ellos fue reubicar responsabilidades en comandantes regionales, sea de misiles balísticos o basiyíes”, aseguró en videoconferencia de prensa.

Tras dar por muertos a Lariyaní y Soleimani y antes de la confirmación de Teherán, el ministro israelí de Defensa, Israel Katz, dijo que las Fuerzas Armadas “continúan operando en Irán con gran intensidad, atacando objetivos del régimen, suprimiendo la capacidad de lanzamiento de misiles y destruyendo infraestructura estratégica clave en todos los ámbitos, devolviendo a Irán décadas atrás”.

“Su programa de aniquilación está siendo destruido, y sus líderes y capacidades están siendo neutralizados”, agregó.

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