Mahmud Ridha Abbas, presidente del Estado de Palestina, intervino en la Asamblea General de la ONU. Lo hizo a través de una alocución pregrabada, pues su visa a Estados Unidos continúa siendo negada por el gobierno de Donald Trump, promotor y amigo del genocida Benjamin Netanyahu.
Abass habló sin tapujos de las restricciones a la comunidad palestina, y nuevamente alzó la voz frente al genocidio en Gaza por parte de Israel. Para el presidente, las decisiones de Israel van en contra del derecho internacional.
Al igual que la mayoría de los países intervinieses en la ONU, Abass cuestionó la pertinencia y la efectividad del organismo internacional en la resolución del conflicto. Incluso, fue más allá y dijo: “Una vez más, pregunto ante esta Asamblea: ¿cuánto tiempo más permanecerán algunos Estados en silencio frente a Israel o continuarán suministrándole las armas que utiliza contra nuestro pueblo?
El mundo ha sido testigo del enorme costo humano en la Franja de Gaza y Cisjordania. Entonces, ¿qué está esperando la comunidad internacional para proteger al pueblo palestino, garantizar su permanencia en su tierra, poner fin a la ocupación e implementar la solución de dos Estados sobre la base de la legitimidad internacional?”.
En un mensaje de fortaleza y determinación, el mandatario dijo: “El pueblo palestino permanecerá en su tierra. El pueblo palestino no aceptará el desplazamiento y no desaparecerá. Ni la ocupación militar, ni la expansión de los asentamientos, ni la anexión, ni el terrorismo de los colonos pueden ser una solución ni crear una seguridad duradera.
Al mismo tiempo, no permaneceremos esperando ni aceptaremos que el Gobierno del Estado israelí ocupante decida por nosotros. No tienen derecho a decidir por nosotros. No puede construirse una seguridad duradera sobre la ocupación de otro pueblo y la negación de sus derechos legítimos”.
A continuación, lea la transcripción del discurso de Mahmoud Abass ante la Asamblea General de la ONU:
SOBRE LA NEGACIÓN DE ENTRADA AL PRESIDENTE PALESTINO
Por segundo año consecutivo, a la delegación palestina se le negó la entrada al país y las visas requeridas para participar en las reuniones de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Rechazamos estas medidas punitivas e ilegales y rechazamos las acusaciones y justificaciones en las que se basaron. Afirmamos que hemos cumplido con nuestras obligaciones, hemos llevado a cabo un amplio programa de reformas nacionales y hemos mantenido nuestro compromiso con el derecho internacional, con la lucha contra la violencia y el terrorismo, con la solución de dos Estados y con la paz sobre la base de las resoluciones de legitimidad internacional.
También afirmamos que el pueblo palestino y su liderazgo no deben ser castigados por exigir el fin de la ocupación o por acudir a las Naciones Unidas, a la Corte Internacional de Justicia y a la Corte Penal Internacional. Nuestra decisión de recurrir al derecho internacional y a sus instituciones es una decisión pacífica y civilizada, y no una acción contraria a la paz.
Negar a la delegación palestina el acceso a la sede de las Naciones Unidas constituye una violación de las obligaciones de Estados Unidos como país anfitrión. Por ello, hacemos un llamado a la administración estadounidense para que levante estas sanciones y restricciones, regrese al diálogo y al respeto mutuo, y trabaje con nosotros y con la comunidad internacional para implementar la solución de dos Estados sobre la base de la legitimidad internacional y establecer la paz, en lugar de castigar a la parte que ha elegido el camino del derecho internacional y de la acción política y diplomática para garantizar sus derechos.
SOBRE EL GENOCIDIO EN GAZA
Les hablo hoy mientras el pueblo palestino enfrenta uno de los momentos más peligrosos de su historia. Esto ocurre después de largas décadas de injusticia histórica, desarraigo, búsqueda de refugio, ocupación y privación de sus derechos básicos a la autodeterminación, la libertad y la independencia.
En la Franja de Gaza, nuestro pueblo está siendo sometido, a manos de las fuerzas de ocupación israelíes, a asesinatos, destrucción, hambre e intentos de desplazamiento, así como a actos de genocidio que han creado una catástrofe humanitaria sin precedentes. Han sido destruidos barrios, ciudades, campamentos, instituciones, escuelas, universidades, hospitales, mezquitas e iglesias, y se han atacado las necesidades básicas y el futuro de generaciones enteras.
En Cisjordania, incluida Jerusalén Oriental, la expansión de los asentamientos se está acelerando. Cisjordania está siendo fragmentada y Jerusalén está siendo aislada y judaizada. El terrorismo de los colonos está aumentando bajo la protección de las fuerzas de ocupación, mientras continúan los delitos relacionados con la apropiación de tierras, la demolición de viviendas, los puestos de control y las incursiones, bajo un sistema de medidas y prácticas legales basado, según nuestra posición, en la discriminación racial, la limpieza étnica y el terrorismo de Estado.
Durante mucho tiempo hemos advertido a la comunidad internacional, a través de la Asamblea General de las Naciones Unidas y del Consejo de Seguridad, que estas políticas israelíes estaban ocurriendo. Hoy advertimos de un peligro aún mayor que requiere una acción internacional para enfrentarlo.
El peligro ya no se limita a socavar la solución de dos Estados e impedir la creación del Estado palestino. Ahora amenaza la propia vida y existencia del pueblo palestino en su propia tierra. Lo que está ocurriendo en Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental no son incidentes aislados, sino un plan colonial deliberado cuyo objetivo es hacer más difícil la vida de los palestinos en su propia tierra y obligarlos a abandonarla.
Hoy les advertimos: no permitan que vuelva a ocurrir otra tragedia; no permitan nuevas masacres como las ocurridas en 1948. No permitan que bandas terroristas protegidas por las fuerzas de ocupación quemen viviendas palestinas mientras sus habitantes duermen en su interior. No permitan que nuestros niños vivan con miedo y bajo amenazas.
SOBRE EL ROL DE LA ONU
Una vez más, pregunto ante esta Asamblea: ¿cuánto tiempo más permanecerán algunos Estados en silencio frente a Israel o continuarán suministrándole las armas que utiliza contra nuestro pueblo?
El mundo ha sido testigo del enorme costo humano en la Franja de Gaza y Cisjordania. Entonces, ¿qué está esperando la comunidad internacional para proteger al pueblo palestino, garantizar su permanencia en su tierra, poner fin a la ocupación e implementar la solución de dos Estados sobre la base de la legitimidad internacional?
Esta solución garantiza la paz para todos, en lugar de la amenaza que emana del extremismo israelí, que busca expandir su proyecto colonial hacia el establecimiento del llamado «Gran Israel» y borrar por completo la presencia palestina.
Damos la bienvenida al plan de 20 puntos del presidente Donald Trump. También dimos la bienvenida a la resolución 2803 del Consejo de Seguridad y a la hoja de ruta para implementar la segunda fase. Esto tenía como objetivo detener la agresión contra nuestro pueblo y su sufrimiento humanitario, garantizar la retirada de las fuerzas de ocupación de la Franja de Gaza y comenzar la reconstrucción de Gaza. Sin embargo, lamentablemente, no hemos visto que ninguna de estas medidas se haya materializado sobre el terreno.
Los asesinatos y la agresión israelíes continúan cobrando la vida de hombres, niños y mujeres en Gaza.
Ha pasado casi un año desde la adopción de la resolución y el establecimiento de la Junta de Paz, y solo queda un año del Período de transición previsto, antes de que finalice 2027. Por ello, hacemos un llamado a acelerar la implementación de la segunda fase en lugar de perder más tiempo.
El período de transición no debe convertirse en una situación permanente o indefinida, sin un horizonte político claro. Por el contrario, debe conducir a la reunificación de la Franja de Gaza y Cisjordania, incluida Jerusalén, bajo la autoridad del Estado de Palestina y sus instituciones legítimas, de acuerdo con los principios de un solo Estado, un solo gobierno, una sola ley y una sola entidad legítima autorizada para portar armas.
Las amenazas y ataques perpetrados por extremistas contra lugares sagrados islámicos y cristianos, particularmente contra las mezquitas y la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén y la Mezquita Ibrahimi en Hebrón, constituyen una violación de su estatus histórico y jurídico y de la libertad de culto.
Deben cesar inmediatamente, antes de que desemboquen en un conflicto religioso más amplio en la región y más allá. Nadie necesita semejante desenlace.
Los continuos ataques israelíes contra las sedes e instituciones de las Naciones Unidas en Jerusalén y Cisjordania también socavan la capacidad de continuar desempeñando sus funciones de apoyo y asistencia a los refugiados palestinos, especialmente en los ámbitos de la educación, la atención sanitaria y la formación profesional.
Hacemos un llamado a todos los Estados y a las organizaciones internacionales y regionales para que continúen apoyando el trabajo de la UNRWA, para el cual no existe sustituto mientras la cuestión de los refugiados permanezca sin resolver. Esto requiere un apoyo financiero continuo y respaldo político, así como el fin de estos ataques contra ella.
También advertimos especialmente contra la implementación del plan de asentamientos E1. Este plan pretende separar el norte de Cisjordania del sur, aislar Jerusalén Oriental de su entorno palestino e impedir la creación de un Estado palestino territorialmente contiguo.
Esto requiere una intervención urgente y responsable del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. También requiere la implementación de la resolución 2334 del Consejo de Seguridad para el cese de todas las actividades de asentamiento en el territorio palestino ocupado, incluida Jerusalén Oriental.
Apreciamos enormemente las medidas adoptadas por el Reino Unido y otros 12 países para proteger la solución de dos Estados, así como para prohibir los productos provenientes de los asentamientos. También reconocemos el llamado realizado por los líderes de Francia, el Reino Unido y Canadá para convocar una cumbre en Nueva York sobre este asunto.
Además, hacemos un llamado al presidente Trump para que cumpla los compromisos que asumió ante los líderes de los Estados árabes e islámicos en septiembre pasado, con el fin de impedir la anexión de territorio palestino y rechazar el desplazamiento de población.
Es imposible separar las prácticas israelíes de apropiación de tierras del desmantelamiento de las instituciones palestinas y del agotamiento de sus recursos financieros. Todas estas son herramientas que conducen a un mismo resultado: debilitar la capacidad de nuestro pueblo para mantenerse firme y permanecer en su tierra. Esto conduce al debilitamiento de nuestras instituciones nacionales e impide la realización de nuestro Estado.
El Gobierno israelí está reteniendo más de 6.000 millones de dólares que pertenecen al pueblo palestino. Exigimos la liberación inmediata de todos nuestros fondos retenidos, que se garantice su transferencia regular y completa, y que se levanten las restricciones financieras y económicas y el bloqueo impuestos a nuestro pueblo y a nuestras instituciones, de conformidad con el Protocolo Económico de París, acordado después de los Acuerdos de Oslo.
SOBRE LOS DERECHOS DE PALESTINA
Un año después de la conferencia internacional de paz y de la adopción de la Declaración de Nueva York, les digo hoy, con plena confianza y responsabilidad: hemos cumplido nuestro compromiso. Hemos completado el programa de reforma nacional al que nos comprometimos ante nuestro pueblo y ante la comunidad internacional.
Hemos fortalecido la gobernanza internacional, la gestión de las finanzas públicas, la transparencia, la rendición de cuentas, las medidas contra la corrupción y el Estado de derecho.
Establecimos un sistema nacional unificado de protección social y bienestar basado en las necesidades, abolimos las leyes y regulaciones anteriores sobre esta materia y obtuvimos una auditoría internacional independiente que confirmó la validez de nuestras medidas.
También continuamos reformando el sistema educativo y desarrollando criterios y planes de estudio de acuerdo con las normas internacionales y en cooperación con la UNESCO, de manera que promuevan los valores de paz, tolerancia y respeto por los demás, al tiempo que preserven la identidad nacional y los derechos de nuestro pueblo.
También hemos avanzado por el camino de la renovación democrática y el empoderamiento de las mujeres y los jóvenes. Hemos celebrado elecciones locales y elecciones para la Unión de Estudiantes Palestinos. Nos dirigimos hacia nuestras elecciones legislativas del 28 de noviembre.
Buscamos seguridad y paz para todos. Rechazamos los ataques contra civiles por parte de cualquier actor. Rechazamos el terrorismo y el extremismo en todas sus formas. Combatimos el antisemitismo, el racismo y el odio, y creemos en la paz cultural, el diálogo y la convivencia.
Buscamos un Estado palestino democrático que respete el Estado de derecho y los derechos humanos, un Estado desmilitarizado que viva en seguridad y paz junto al Estado de Israel. ¿Es esto posible?
En 1998, nuestro pueblo y su liderazgo tomaron una decisión histórica y difícil: aceptamos un acuerdo histórico basado en la solución de dos Estados.
Hoy le decimos al mundo: la solución comienza por preservar la tierra en la que se establecerá el Estado palestino y proteger a las personas que viven en ella.
El pueblo palestino permanecerá en su tierra. El pueblo palestino no aceptará el desplazamiento y no desaparecerá. Ni la ocupación militar, ni la expansión de los asentamientos, ni la anexión, ni el terrorismo de los colonos pueden ser una solución ni crear una seguridad duradera.
Al mismo tiempo, no permaneceremos esperando ni aceptaremos que el Gobierno del Estado israelí ocupante decida por nosotros. No tienen derecho a decidir por nosotros. No puede construirse una seguridad duradera sobre la ocupación de otro pueblo y la negación de sus derechos legítimos.
Tenemos nuestro propio proyecto nacional: proteger a nuestro pueblo del desplazamiento, preservar nuestra tierra y su unidad, renovar democráticamente nuestras instituciones y construir nuestro Estado, manteniendo nuestro compromiso con el derecho internacional y ejerciendo nuestro derecho a la autodeterminación, con el objetivo de establecer un Estado palestino independiente y soberano, junto con el retorno de los refugiados.
No queremos un nuevo proceso para gestionar el conflicto mientras la realidad sobre el terreno cambia cada día. Queremos un proceso que ponga fin a la ocupación y garantice la libertad y la autodeterminación de los países”.