¿Qué putas quieren?

Dr. Polito

Cada día me asombran más los humanos.

En especial, estos colombianos me dejan sin palabras.

¿Cómo es posible que no agradezcan los enormes esfuerzos del Gobierno actual para mitigar las consecuencias del terremoto del 10 de agosto?

¿Qué putas quieren?, pregunto a la manera de este país de ingratos y desagradecidos.

Sí, hubo un gran terremoto, que  deja, hasta ahora, 304 muertos, 4,548 heridos y 426 desaparecidos, y 26.945 viviendas destruidas, 127.557 averiadas en diversos grados y 66 edificios colapsados.

Es cierto, nadie lo niega.

Pero, para enfrentar esas consecuencias, el Gobierno Milagro de la Patria Milagro, con el Milagrego Mayor a la Cabeza, se puso al frente del plan de reconstrucción desde el mismo instante en que el ministro de Vivienda regresó de sus vacaciones en las playas de Santa Marta.

Sí, diez días más tarde, pero hubo respuesta.

Bueno, ya la había habido, y a eso me refiero cuando digo que los colombianos, y en especial los vallecaucanos de Buenaventura, no agradecen.

El propio Milagrero Mayor fue hasta ese puerto y, con su propia mano, repartió balones de fútbol, marcados con el logo y el lema de su campaña política.

(Acá, entre nosotros: eso lo prohíben las leyes), pero a él nole importa. La ley es él. Mejor dicho, él es el Estado, gústele a quien le guste).

Pero, los porteños protestaron con vehemencia. Qué querían, ¿qué el generoso Milagrero Mayor jugara fútbol con los niños allí, en la playa llena de escombros?

Pues, tampoco. Él tenía que ir a otros sectores a lanzar besos y a que le tomaran fotos y vídeos de sus reiterados shows mediáticos.

¿Acaso alguien puede explicar qué tenía que ver el tirabolas con que los niños de Buenaventura no hubieran desayunado ese día y hubieran dormido en la calle, porque sus casas cayeron?

Y ¿cuál es la culpa de él de que las familias llevaran, y lleven, varios días sin comer?

Como entenderán, eso es culpa del terremoto, no de él. Ni más faltaba…

¿Qué perdieron sus viviendas? Pues que construyan otras, en vez de reunirse en patota a gritarle que es un hijueputa desconsiderado que no tiene el más pequeño sentimiento por la gente a la que gobierna y que anda en gravísimas dificultades.

Si votaron por él fue para dejarlo gobernar, no para decirle qué hacer. Él se las sabe todas, y más, y no necesita que desde el pueblo le digan qué hacer.

Y menos si se trata de gentes del pueblo más pobre. Y, mucho menos, si son…

Algo similar ocurrió en Cali con el pobre alcalde, Alejandro Eder.

Le gritaron que es un hijueputa y lo corrieron a piedra de los barrios populares, a los que fue en busca de fotos.

En Cali no le perdonan que hubiera corrido a los voluntarios locales, algunos de Primera Línea, que removían escombros y rescataban heridos y cadáveres, que conseguían medicinas y ropa y utensilios de cocina, y los reemplazara por soldados israelíes, que llegaron diciendo pendejadas.

A propósito, ¿alguien sabe cuántos de ellos se quedarán a cumplir tareas políticas non sanctas, con el beneplácito de los oficinistas del Palacio de San Carlos?

Ahora la han emprendido contra el ilustrísimo y excelentísimo señor ministro de Vivienda, Ciudad y Territorio el reverendísimo y santificado predicador de la palabra de Dios, Jaime Andrés Beltrán.

El país estaba en el suelo, plagado de muertos, heridos, desaparecidos y miles y miles de desamparados sin vivienda durmiendo en calles y parques, cobijados con bolsas de plástico, porque lo perdieron todo.

Nadie lo niega. Ni siquiera los oficinistas de San Carlos, para algunos de los cuales este país no existe pero existirá, porque hacen milagros.

Pero, según él y su jefe, esa no era razón que le impidiera ir de vacaciones, a Santa Marta, con solo tres días de trabajo en el cargo.

Tenía que demostrar que antes de gran ministro del Gobierno y de Dios es padre y esposo.

Llevaba dos días sin ver a su familia, y acordaron reunirse en Santa Marta, y, así, aprovechar para asistir al matrimonio de su gran amigo, el también predicador y contratista de vivienda de Santander, Fáisar Arnulfo Sanabria Aranda.

Total, los planes de vivienda para los millares de damnificados podían esperar, pues nada se puede construir en tres días que duró su descanso. Pobre hombre. Considérenlo.

Por algo lo respaldó el hacedor de los milagros.

Espero que, ahora, por fin entiendan en qué consiste el milagro ese del Gobierno Milagro del Milagrero Mayor en la Patria Milagro.

}Estos humanos… Ojalá un milagro los cambie.

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