Una serie de símbolos y una serie de hechos, nada ajenos los unos de los otro,s siguen mostrando la creciente violencia legalizada y promovida por el Gobierno.
El presidente fue visto en un patrullaje por Santa Marta con arma al cinto, tratando de compensar algún complejo reprimido y demostrar su magnificencia, poderío y superioridad. Un acto de pura propaganda, pues ni puede usarla, ni lo necesita, estando rodeado de escoltas y militares. Al tiempo, un juzgado le permitió caminar entre cadáveres y difundir esas imágenes en las redes sociales, para placer morboso del mandatario.
En Santa Marta, la madre de Ricardo Andrés Rodríguez Martinez asegura que su hijo de 18 años fue una ejecución extrajudicial del Ejército. En Ciudad Bolívar, la familia de Donovan Balanta Paz llora la muerte del hombre torturado por la Policía y asesinado en el barrio Caracolí.
Es apenas obvio que la relación entre lo difundido por el poder, y lo recibido por la masa, está conectado.
Violencia desbordada en símbolos desde arriba, violencia ensangrentada sufrida desde abajo.