El arrepentimiento

Dr. Polito

Conocer a los colombianos es un deporte de élite.

Humanos tan singulares no existen en otra parte del planeta.

Todavía hoy consideran a Iván Duque como lo que es: inútil químicamente puro.

Y, sin embargo, en las redes sociales ya he visto frases como “Duque: regresa, que no hacer nada es mucho más que lo de ahora con el tigre de sainete”.

Desde luego, estamos de acuerdo en que cualquiera, incluido el inútil, es, de lejos, mejor que el animal del que se quejan.

Además de gastarse un dineral volando en helicóptero hasta para ir al cuartito, mentir, gritar y amenazar, mentir, amenazar y gritar, gritar más, amenazar más, mentir, pasearse entre cadáveres como heraldo de la muerte, volver a gritar y a amenazar, echar al director del Dane porque no mintió, saludar como milico, y mentir, ¿qué ha hecho?

¡Ah!, sí, repartir balones de fútbol que le sobraron de su campaña, mientras Buenaventura lloraba por sus miles de víctimas.

Por eso, y por otras razones, en las redes han comenzado a desfilar los pentiti, término italiano para aquellos que hoy se avergüenzan de lo que hicieron y lamentan haberse equivocado conscientemente.

Pentiti, mafia, Italia… hmmm.

La dictadura arrieril, traducción para el engrupimiento, el luiscatorcismo y la incruspidez de un individuo que casi todo lo ignora, menos mentir y fanfarronear y gritar y amenazar, está haciendo mella en algunas conciencias.

Hay en las redes preguntas sobre cuándo comenzará el nuevo gobierno, si hay cuentas claras sobre las donaciones empresariales por la tragedia, y sobre el momento en que llegarán al poder los que nunca lo han administrado.

Y, por cada pregunta, vienen respuestas adornadas con vocabulario de sargento de marina, que comparan y prefieren al inútil.

Esa conclusión es muy lúcida y certera.

Por estos días, el clima social es de amenazas, Así, no sería raro que, en cualquier madrugada, alguien con sombrerito y caminar amanerado salga, la heredada lupara en mano, a destripar a los opositores, considerados todos terroristas de izquierda.

(Si le dicen lupara, porque se usaba para matar lobos, ¿por qué no usarla para otros menesteres?)

Por fortuna, aún quedan personas como el cura de Chiquinquirá, que no tuvo reparo alguno en rechazar con vehemencia que haya personas que “nos hablan de Dios y hacen la guerra”.

El buen sacerdote destaca la falta de coherencia. En mi animalado mundo, a esas actitudes las llamamos aberraciones de la hijueputez humana.

Con esa hijueputez saliéndoles por los poros, algunos quieren hacerse grandes. Pobres, porque jamás dejarán de revolcarse en el miasma de la mediocridad. Allí perecerán.

La mediocridad y la inutilidad son como hojas de la misma rama, aunque con diferencias notables.

Al inútil lo asocian con ineptitud, incompetencia, incapacidad, improductividad, en relación con una actividad o tarea, porque tiene habilidades y ritmos diferentes de los necesarios.

En cambio, el mediocre lo es, por su mental-dad victimista y su necesidad de culpar a los demás por lo que hizo mal, y la búsqueda de la gratificación inmediata, como el aplauso, la salva, el ruido, la necesidad de actuar aparatosamente…

Como cierto personaje que defiende criminales, berrea ópera, fabrica pendejadas que le causan pérdidas económicas, cambia tres veces su declaración de impuestos y dice hacer milagros.

Esto me trae a la memoria un viejo dicho surgido del afán de dos compadritos por escapar de una avalancha. Mientras uno huye, le grita al otro: no te atengás a la Virgen y corré, pendejo…

Que ese personaje se dedique a intentar hacer milagros y no trabaje, y en pocos días verá lo que le corre pierna arriba…

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