Un magistral discurso abrió la Asamblea General de las Naciones Unidas en su versión 81. Se trató de la intervención del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.
A sus 80 años, y en su tercer mandato como presidente, Lula declamó unas palabras tajantes ante el intervencionismo extranjero en Brasil, tanto en lo económico como en lo electoral Lula plantó cara a Trump, al genocidio de Gaza al cambio climático, a los derechos de las mujeres y los migrantes, y sobre todo, criticó la debilidad de la ONU para resolver o enfrentarse a los grandes conflictos bélicos de la actualidad.
“Es un momento crítico. Me mueve la indignación. La ONU está fracasando en una de sus misiones más importantes: liberar a la humanidad de la guerra. Jamás ha sido tan débil. Hay una crisis de liderazgo. En 2026 fue el año con más conflictos armados desde la Segunda Guerra Mundial. Las tensiones geopolíticas amenazan con transformar los conflictos locales en un conflagración de proporciones globales. Y quienes están al timón deben actuar con responsabilidad y con sentido de urgencia”.
Sobre la guerra, el presidente de Brasil dijo: “Generaciones de palestinos llevan el dolor y trauma del genocidio de mujeres y niños por el gobierno de Netanyahu en Gaza. Pagaron el precio del radicalismo. Perseguir a la Corte Penal Internacional lleva a que estos actos queden impunes. Amenazar a civilizaciones con la extinción no llevará a la paz. Sabremos que no habrá vencedores, la diplomacia es el único camino”.
“Brasil no es patio trasero de nadie. Necesitamos socios con una agenda positiva que promueva el desarrollo. Las ideologías no deberían obstaculizar la convivencia. La democracia se ve amenazada por la injerencia extranjera en procesos electorales. Las incursiones neocoloniales en busca de recurso son gestos anacrónicos”, dijo Lula da Silva sobre la dignidad de su país.
Respecto al panorama internacional de la región, comentó: “Venezuela merece definir su destino. Nicaragua no resolverá sus problemas impidiendo que la oposición vaya a elecciones. La crisis en Haití pone a prueba la indiferencia. En Cuba el mundo observa como se impone un castigo colectivo por medio de un embargo. Brasil no desafía el riesgo de la criminalidad, batimos récords en incautaciones y en ataque al crimen organizado y la corrupción”.
Sobre el cambio climático, Lula dijo: “La respuesta al cambio climático ha desaparecido del G7 y del G20, que reúne a los principales emisores de CO2. La naturaleza nos recuerda que solo tenemos un planeta para vivir. Los efectos del meganiño afectará a los más vulnerables en el mundo. Brasil ha comprobado que se puede profundizar el mejoramiento económico sin aumentar las emisiones de carbono. El bosque vale más en pie que talado. Nuestra riqueza natural pertenece al pueblo brasileño”.
“Los objetivos de desarrollo sostenible están siendo atacados por fuerzas reaccionarias que desean normalizar injusticias. La desigualdad y el subdesarrollo son resultado de decisiones políticas. Se puede incluir a los pobres en el presupuesto y que los ricos paguen lo que corresponde. Existe un deseo legitimo de cambio en todo el mundo. No se trata de quitar derechos ni resucitar teorías de supremacia racial; cambio significa más participación y con más logros para crear soluciones públicas; se trata de apostar por multilateralismo contra el hambre”.
Sobre el papel de la ONU, da Silva dijo: “La ONU nació bajo el signo de la esperanza. En 80 años ha contribuido a la descolonización, los derechos humanos, defender migrantes y refugiados, ha condenado la intolerancia religiosa. Fueron logros de líderes que impulsaron la indignación de injusticias de su época. De personas que no aceptaron a la guerra como el único camino para la humanidad Deben volver a ser ese templo de la Paz”.