Todo el país sabe dónde, o mejor, qué les arde; es por ello que ese par de zopilotes prefieren no permanecer sentadas.
Ultragodas, ultrarricas, conspiretas de reservados de clubes, cada segundo que transcurre con la ex empleada doméstica Francia Elena Márquez Mina como vicepresidenta de Colombia se les convierte a ambas en una eternidad.
Tuercen los ojos, boquean, respiran con dificultad, sudan frío, agonizan entre ayayayes estentóreos y se ponen al borde de estirar la pata, con todas sus filosas y malolientes garras crispadas.
Y Francia, ahí, incólume, erguida, sonriente, orgullosa, como debe ser, mientras el par de espantajos se arranca los pelos.
