Desde dos frentes, sumamente represivos y conservadores, comienza la campaña conservadora para restringir derechos y libertades intelectuales y educativas a las y los niños de todo el país. Al frente del ministerio de Educación, la fanática religiosa Viviane Aleyda Morales Hoyos, presentó al país los ideales con los que pretende revertir cualquier intento de cambio de pensamiento en las futuras generaciones.

Agarrada de una irrealista moral, una fe incipiente y unos principios rectores propios del siglo pasado, Morales moverá a su antojo todas las fichas necesarias para reestructurar los modelos educativos en Colombia, para que ‘los principios y valores tradicionales’ vuelvan. Ese, según ella, es la finalidad de la Patria Milagro.

“Una tarea importante de este gobierno es restaurar principios y valores, quitando la ideologización. Estamos revisando todos los materiales escolares para asegurarnos de que sean los padres los que cuiden la educación. Ha habido una campaña ‘woke’ que ha metido sutiles movimientos para apoderarse de la enseñanza y de la educación de los hijos, especialmente en la educación sexual. Aquí nada que sea contrario a la edad de los educandos”.

El show disfrazado de política técnica y honesta sigue siendo la ley en la Patria Milagro. Volteando la vista de la necesidad imperiosa de que el Gobierno comience a actuar en pro de los afectados por el terremoto del 10 de agosto, el presidente de la República, junto con su círculo más cercano, presentaron el ‘Libro de la Verdad’.

El documento de 135 páginas, publicado el 7 de agosto de 2026, es un supuesto informe que presenta casos documentados de la corrupción dentro del Gobierno Petro. Nada más alejado de la realidad.

Al revisar a simple vista sus páginas, llenas de simbolismos y palabras más propias de la propaganda que de la investigación, el supuesto libro hace aguas desde el inicio, pues nunca presenta en realidad las evidencias, beneficiados, documentos o algún soporte que sustente las denuncias presentadas por el Gobierno.

Incluso, en la página 12 del texto, reconoce su impertinencia: “Las validaciones desarrolladas durante el empalme no constituyen auditoría ni investigación administrativa, sin perjuicio del traslado formal de hallazgos ante las autoridades competentes cuando corresponda”.

Investigación independiente revisó el documento y aseguró que el libro no es más que un compendio de secretos a voces, información plenamente divulgada por la opinión pública e investigaciones que ya han sido difundidas por informes de la Contraloría, la Procuraduría y la Fiscalía General.

Es decir, el Gobierno no fue más que un ente bibliotecario y archivístico que recopiló de la hemeroteca varios casos de irregularidades presupuestales, los compiló en un documento propagandístico y los difundió a la Fiscalía, convenciendo a incautos del severo trabajo investigativo de los acérrimos seguidores de la Patria Milagro.

El presidente, vicepresidente y demás amigotes del ejecutivo, devolvieron a la Fiscalía un libro con sus propias indagaciones, muchas de ellas cerradas o inconclusas, sin aportar ningún análisis o evidencia diferente a la previamente recopilada.

Es tal el descaro y el afán de protagonismo, que incluso se evidencian supuestos hechos de corrupción, argumentados por políticos y senadores, sin ningún sustento jurídico o penal.

Al final de tan esperpéntico documento, incluso hay un apartado de proselitismo político, pues ahonda en las propuestas o juramentos rectores del Gobierno, con el fin de que quienes lean el archivo, caigan como adeptos Defensores de la Patria.

La extrema coherencia, pues, se cae otro día más por su propio peso, y el libro en sí, es buen reflejo de un Gobierno que día tras día, no hace más que profundizar su fosa de cuestionamientos e ineptitud operativa.

Una semana luego del terremoto que azotó a Colombia, y que fue la primera prueba del gobierno recién posesionado, las promesas vacías, el show mediático, la humillación a los pueblos y el expresivo clasismo por parte de los hoy dirigentes muestran el rumbo por el cual irá Colombia. El espectáculo premeditado y la improvisación gigantesca serán partes protagonistas en las primeras medidas con las que los refundadores de la Patria llevarán a cabo la reconstrucción civil, social, y a su antojo, moral.

Desde el 10 de agosto, cuando en San José del Palmar, Chocó, un sismo de 7.4 en la escala de Richter llevó a 10 departamentos a una prueba de fuego para salvar cientos de vida, y en acto solidario, ayudar al prójimo, el Gobierno Nacional ha sido víctima de su propio sectarismo, y llegó a manejar la tragedia con los ojos vendados, por su terquedad de no realizar un empalme con el gobierno del expresidente Gustavo Petro Urrego.

A partir de ahí, una serie de hechos vergonzosos e indignantes han llevado el show con el que el actual presidente llegó a la jefatura del Estado como herramienta clara de manipulación para minimizar el desastre operativo con el que ha manejado la tragedia nacional. Esta estrategia, claro, apoyada y difundida masivamente por la prensa corporativa, que en una semana ha funcionado más como micrófono de propaganda que contrapeso al poder. 

La directriz del nuevo Gobierno, que complaciendo al estado genocida de Israel, reconoció su soberanía en los territorios sirios invadidos y conocidos como ‘Altos del Golán’, fue ampliamente rechazada en el mundo, y dejó al país en apenas 4 días de la Patria Milagro, al borde de una crisis diplomática con el Medio Oriente.

Múltiples sectores de la carrera diplomática nacional quedan perplejos por la inconveniencia de Colombia por reconocer soberanía de un país extranjero en tierras ocupadas. La decisión tomada por la Cancillería se dio además 3 horas después del terremoto que ya deja más de 200 muertos en el el país. 

Omar Bula Escobar, fanático de la doctrina que legó el genocida criollo Laureano Gómez, y canciller por su amistad con el presidente, ha desaparecido de redes sociales y medios para explicar cuál era la urgencia de provocar una crisis diplomática en plena tragedia nacional, accediendo a las posibles órdenes enviadas por Israel. El silencio de Bula Escobar también resuena al ser incapaz de avalar la ayuda humanitaria que países desean enviar a Colombia para ayudar a sobrevivientes del terremoto.

El gobierno entrante reaccionó resignado ante la primera gran derrota que sufrió cuando su candidato, Alfredo Deluque, fue descartado como nuevo presidente del Senado.

Una alianza del progresista Pacto Histórico (PH) y el derechista Centro Democrático (CD), bancadas mayorías en el Senado y en la Cámara de Representantes, por 56 votos contra 45, eligieron al samario Honorio Miguel Henríquez Pinedo.

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